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XII Jornadas Andaluzas de Enseñanza de Economía

En las XII Jornadas Andaluzas de Enseñanza de Economía dirigidas al profesorado de Educación Secundaria, celebradas el 8 y 9 de febrero pasados, la Economía del Bien Común tuvo un protagonismo especial.

Durante la mañana del sábado 9, en la Facultad de CC. Económicas de la Universidad de Málaga se celebró un taller de co-creacion y espacio de enredo para promover que las economías alternativas y transformadoras se integren de alguna manera en el currículo de las asignaturas de Secundaria. La Economía del Bien Común y otras nuevas economías deben ir adquiriendo cada vez un mayor protagonismo en las asignaturas del Sistema Educativo si de verdad se quiere potenciar una nueva manera de enfocar las relaciones económicas, poniendo a las personas y al medio ambiente por delante de los mercados, el crecimiento económico y el beneficio monetario. El taller estuvo a cargo de Marisol Aneas, Leticia Velasco, Marcos Castro y Juan Carlos Tójar, miembros del grupo de la Economía del Bien Común de Málaga y contó con la participación de un centenar de profesoras y profesores de Secundaria de toda Andalucía.
Si estás interesad@ en participar en el grupo de promoción de las Economías transformadoras y del Bien Común en educación secundaria envía email a: ebceducacionmalaga@gmail.com compartiremos experiencias, buenas prácticas y materiales de trabajo.

DIFUNDIENDO LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN CON ALUMNOS DE FORMACIÓN PROFESIONAL DE LA RAMA SANITARIA EN EL IES LAS MUSAS DE SAN BLAS EN MADRID.

El pasado 25 de enero se impartió una charla participativa con alumnos de Laboratorio e Higiene Bucodental para dar a conocer los principios básicos de la Economía del Bien Común. Les resultó muy interesante ya que nos indicaron que sería bueno impartir esta actividad también en los próximos cursos.

DIFUNDIENDO LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN CON ALUMNOS DE 2º DE BACHILLERATO EN EL IES MANUEL DE FALLA DE COSLADA EN MADRID.

El pasado 19 de diciembre se impartió una charla participativa con alumnos de Economía de 2º curso de bachillerato. Para los alumnos fue un descubrimiento, unos pocos estaban bastante involucrados y ya conocían los valores de la EBC pero para la mayoría era una nueva manera de ver la economía. El resumen en sus propias palabras fue: “esto deberían de enseñárnoslo de forma obligatoria, no como una actividad extraordinaria”

Facultad Comercio-UVA con la Economía del Bien Común

El lunes 17 de Diciembre hemos celebrado en la Facultad de Comercio – UVA, una Charla-Taller con alumnos de la asignatura “Comportamiento del Consumidor”, moderó el evento Ana Velasco profesora de sociología en la Facultad de Comercio.

Comenzó la charla exponiendo a los alumnos una visión global del movimiento social Economía del Bien Común (EBC), seguido de un taller con una propuesta para la realización de un trabajo por parte de los alumnos, en el que relacionasen el contenido teórico de su asignatura con las propuestas de la EBC, facilitándoles para ello las herramientas necesarias para su realización; finalizo con un interesante debate donde se contrastaron puntos de vista sobre la desigualdad salarial (mínimo-máximo) y sobre las dudas generadas en algún alumno sobre que interés tiene para una empresa ser sostenible, poniendo el ejemplo: “que una empresa para dejar de contaminar tienes unos costes que irán contra su beneficio”, lo cual desafortunadamente es la realidad actual, contra esto se expuso que la EBC propone a los poderes públicos, con su Balance del Bien Común,  que legislen beneficiando a las empresas que más aporten a la sociedad y llegado el caso que penalice a las que tienen un comportamiento “asocial”.

J.M.Martín

La Economía del Bien Común en la Universidad de Valladolid

Dentro de las actividades divulgativas que la EBC realiza en la Universidad, el viernes 30 de Noviembre en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la UVA, tuvo lugar una acto en el Aula Magna Profesor Fuentes Quintana.

Promovido por el PID que pilota el profesor Luis Angel Sánchez Pachón, y contando con la presentación-moderación del profesor Oscar Carpintero, en dicha charla se difundió entre los alumnos los valores de la EBC,  generando conciencia crítica sobre un sistema económico y social que no da respuesta a las necesidades de la mayoría.

Concluyo el acto con un vivo debate, donde se pudieron constatar inquietudes latentes en los estudiantes, como: la desigualdad máxima en los salarios, el tipo de empresas que se están adhiriendo a la EBC, pros y contras de la implantación de un año sabático por cada diez años trabajados, incidencia en la productividad por la implantación de una jornada laboral de 30 horas, posicionamiento beligerante de las transnacionales con las propuestas de la EBC,… En definitiva un debate, donde de nuevo pudimos comprobar que algo se mueve en aras de un cambio hacia propuestas sociales integradoras, y confiando que nuestros estudiantes de hoy serán los agentes del cambio de mañana.

Vídeo resumen del evento

EL MODELO DE LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN

Aplicación a la empresa/organización y casos prácticos
Autor/es: Joan Ramon Sanchis Palacio y María Amigo Pérez
Formato: 17 x 24 cm.
Edición: 1ª Edición / Delta Publicaciones
ISBN: 978-84-978-84-17526-10-8
Encuadernación: Rústica
Nº Páginas: 405
Descripción:
La Economía del Bien Común (EBC) es un modelo económico alternativo que recoge la mayor parte
de las diferentes iniciativas críticas surgidas durante las últimas décadas. A pesar de ser aún un
modelo incipiente y joven, creado en el 2010 por el profesor y activista social Christian Felber, se
está extendiendo con rapidez. La aplicación del modelo EBC al ámbito de la educación y la
enseñanza en sus diferentes niveles (Primaria, Secundaria, Bachillerato y Universidad), puede ser
de gran interés, cuando el objetivo que se persigue es educar en valores (sociales y éticos)y ofrecer
a la comunidad estudiantil visiones y propuestas alternativas diferentes al modelo dominante. La
educación económica y financiera basada en valores es clave para entender lo que sucede en la
actualidad y para formar una ciudadanía con conciencia y responsabilidad. Desde la Cátedra EBC de
la Universitat de València se ha creado una Red de Innovación Educativa formada por profesorado
de todos los niveles educativos con el propósito de introducir de manera transversal los principios y
valores del modelo dela EBC en la enseñanza. Por ello, se ha decidido elaborar este manual, en
colaboración con la Asociación Federal Española para el Fomento de la EBC. En la primera parte de
la obra se exponen los fundamentos teóricos del modelo y las claves y procedimientos para su
aplicación, dando fundamento científico y académico a la EBC. En la segunda parte se
presentan diferentes casos de organizaciones que están implementando el Balance del Bien Común:
municipios, universidades, entidades no lucrativas y de economía social y sociedades mercantiles.
Contenido:
Parte1. Fundamento teórico del modelo de la Economía del Bien Común
1. El Modelo de la Economía del Bien Común: fundamentos teóricos
2. Teorías y enfoques organizativos que sustentan el Modelo de la Economía del Bien Común
3. Sostenibilidad y Economía del Bien Común
4. La relación de la Economía del Bien Común con otros enfoques aplicados
Parte2. Aplicación práctica del modelo de la Economía del Bien Común
5. El Balance del Bien Común
6. Casos prácticos: Administraciones y Organizaciones Públicas
7. Casos prácticos: Entidades No Lucrativas y de Economía Social
8. Casos prácticos: Empresas privadas

Red de Universidades para el Bien Común

Nace en Salamanca la “Red de Universidades para el Bien Común”.

La economía del Bien Común sigue dando pasos en España. El lunes 12 de noviembre se constituyó en Salamanca la Red de Universidades por el Bien Común, una red que unirá a miembros de la comunidad universitaria dispuestos a difundir, estudiar y aplicar la economía del bien común desde distintas disciplinas académicas, enfoques y contextos y con cabida para todos los miembros de las comunidades universitarias: profesores, investigadores, estudiantes y personal de administración y servicios.

La red se funda con el apoyo de la Universidad de Salamanca, la Universitat de Valencia y más de 20 docentes, investigadores y PAS de doce universidades españolas y será coordinada por Nuria del Álamo, profesora de la USAL, y Rafael Morales, profesor de la Universidad Pablo Olavide. Varias universidades más y decenas de docentes se unirán próximamente a la propuesta.

Además, la Asociación Federal Española para el Fomento de la Economía del Bien Común, representada por José Luis Martín, suscribió un acuerdo de colaboración con la universidad anfitriona, la Universidad de Salamanca, que se involucra en la promoción de los valores de la economía del bien común. Como nos recordó el vicerrector de Política Académica y Participación Social de la USAL, Enrique Cabero Morán, la Universidad de Salamanca ha cumplido 800 años, y en su historia, fue pionera en el siglo XVI en el “derecho de gentes”, precursor de lo que hoy consideramos los Derechos Humanos. Christian Felber, que también estuvo presente en la firma del acuerdo, añadió que ojalá ahora seamos capaces de volver a cambiar el sistema hacia otro que ponga a las personas en el centro.

Tras la firma, Felber impartió una conferencia dirigida a alumnos y organizada por la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho, en la que se habló de Economía del Bien Común y de Comercio Mundial Ético y de la que ya os ha hecho una interesante reseña nuestro compañero Manolo, de Valladolid.

Como obras son amores, los miembros de la red aprovechamos el resto del día para trabajar, tejer conexiones entre nosotros y empezar a diseñar los primeros proyectos que nos lleven a conseguir nuestro objetivo fundamental: crear y difundir conocimiento sobre el bien común en las universidades y la sociedad. Pronto tendremos un espacio dentro de la página de la Universidad de Salamanca donde seguir los proyectos de la web, pero os podemos anticipar que se habló de un directorio de investigadores para el bien común, un repositorio de proyectos y buenas prácticas, la “casoteca”, un congreso científico sobre la materia o el reconocimiento a las mejores tesis y trabajos de fin de grado que versen sobre el bien común desde cualquier campo académico.

Fue un día enriquecedor y prometedor, que sólo ha sido posible gracias a todo el trabajo previo (durante meses, me consta), de José Luis, Nuria, Rafa, Charo, Carmen y todo el servicio del SAS de la USAL, especialmente Begoña Lázaro. Un nuevo proyecto apasionante que seguro que nos ayudará a lograr difundir la Economía del Bien Común y a acercarla a las inquietudes de la sociedad. ¡Un nuevo motivo para ilusionarnos!

Elena Rodriguez – CE Salamanca

Christian Felber en la Universidad de Salamanca

Tras la firma del convenio de adhesión a la Red Universitaria de Estudios del Bien Común, entre la Universidad de Salamanca por el vicerrector Enrique Cabero, y de José Luis Sánchez por parte de la EBC,  Christian Felber pronuncio una Conferencia sobre su último libro “Por un comercio mundial ético”.

Christian Felber para situar a los asistentes, mayoritariamente alumnos de la Facultad de Derecho de la Usal, sobre lo que es el movimiento de la Economía del Bien Común (EBC), hizo una exposición sobre la diferencia de valores del sistema capitalista neoliberal actual y los valores de la EBC, donde la competencia como valor neoliberal pasa a la colaboración en la EBC, y donde ganar dinero pasa de ser un fin a ser un medio para obtener los objetivos sociales.

Sobre el comercio mundial, mostró los problemas que a veces el lenguaje genera en la percepción de las cosas, ya que palabras como “libre” son siempre muy bien aceptadas por la mayoría social, pero demostró con datos contrastados que el libre comercio actual, es libre para unos a costa de otros.

En el posterior debate, que se extendió más tiempo del previsto, se contrastaron diferentes puntos de vista sobre los valores de la sociedad actual, siendo de especial interés la visión que surgió sobre el carácter “egoísta” de las personas, un asistente expuso que eso es innato al ser humano, y por tanto las políticas económicas deben de sustentarse en esa característica,…, Christian Felber respondió que por supuesto que es una característica del ser humano como otras muchas más, pero con estudios sociológicos contrastados  esa característica tiene menor importancia que otras: como la empatía, colaboración, ayuda, …, por tanto una política económica adecuada debería poner en valor a esas otras características, permitiéndonos un nuevo sistema económico cuyo objetivo sea el Bien Común de la mayoría .

El decrecimiento desde las aulas

El Decrecimiento como corriente crítica al actual sistema de producción capitalista es una revolución cultural, social, ideológica y educativa que debe ser insertada dentro del sistema educativo como una respuesta crítica a los problemas a los que se enfrenta actualmente el mundo capitalista consumista y globalizado.

Las bases sobre las que sustento la necesidad de dar a conocer esta revolución ideológica, cultural, y social es la propia idea o concepto de desarrollo, donde se plantea un nuevo enfoque sobre los aspectos que se vinculan al desarrollo. Y considero fundamental que este llegue a las aulas como una vía alternativa o posibles vías alternativas de desarrollo.

En este aspecto me parece fundamental distinguir lo que son las propuestas de desarrollo sostenible, donde no se disminuye el crecimiento sino que simplemente se plantea una reformulación del mismo en términos de sostenibilidad. Hecho que hace que muchos nos cuestionemos esta alternativa, optando por ir a la propia raíz de lo que representa el problema: el propio crecimiento. La cuestión es: ¿crecer para qué?, ¿con qué finalidad, con qué motivo, en qué sentido?

Es necesario un análisis más profundo del propio concepto de desarrollo omitiendo del mismo la asociación o similitud al que ha sido vinculado hasta la actualidad con el crecimiento económico.

Desarrollo no significa crecimiento económico, o no de forma intrínseca; el desarrollo no tiene por qué venir dado de la mano de un aumento económico, ni se puede derivar de este hecho un mayor estado de bienestar o de alcanzar otros aspectos fundamentales que definen el progreso, como es la educación, la igualdad, la participación ciudadana o el medio ambiente. O no, desde luego, desde un punto de vista en el cual el concepto de desarrollo se vincula a una serie de aspectos o valores relacionados con una cultura determinada en un momento de la historia, en el que por tanto hace referencia a una serie de cuestiones relacionadas con construcciones de la realidad en base a valores sociales y culturales, así como otras cuestiones como el contexto social, cultural, político, económico, o el propio entorno natural. Por lo que del desarrollo, como definición universal, podemos extraer la idea de alcanzar mejoras en la sociedad en todas sus esferas, aunque dependerá de cada una de las culturas o comunidades lo que sea considerado como tal.

Cuando se habla de crecimiento en el ámbito del progreso o del desarrollo en raras ocasiones nos encontramos un crecimiento ligado al aumento de conocimiento, al incremento del tiempo personal, al aumento de las relaciones humanas o de la libertad del individuo, de la participación social o de la igualdad de género. Más bien se asocia la idea de desarrollo al crecimiento económico como base principal que sustenta el desarrollo de la sociedad, sin tener en cuenta que este no tiene por qué ir asociado a un mayor reparto de la riqueza, un incremento en la igualdad, ni en una sociedad más participativa, ni más informada, ni con más libertades, ni con más tiempo y calidad de vida, ni siquiera una sociedad más feliz.

La razón está en que la riqueza económica permite el desarrollo y dotación de determinados servicios como son los educativos, sanitarios, pero la vorágine del sistema de producción consumista actual convierte este fenómeno en una verdadera trampa sin salida, donde para poder obtener estos servicios o este estado del bienestar debo pagar un precio muy alto. El coste no es otro que el aumento de desigualdad a nivel mundial, la brecha Norte Sur, la desigualdad social, el deterioro del ecosistema, la sobreexplotación de los recursos y la disminución del tiempo, el poder, los derechos y la libertad del individuo. Un sistema donde la meta final es que todos seamos consumidores de los productos que elaboramos de manera que se mantenga el círculo vicioso sin fin, o hasta que el mundo explote.

Para poder tener todo lo que considero imprescindible y necesario —y aquí entra la labor publicitaria y de los medios de comunicación como estrategia de marketing y de creación de realidades ficticias — debo consumir hasta morir, para tener un empleo, y poder acumular y comprar cosas. Es necesario tener cosas, renovarlas y cambiarlas cuando estás queden obsoletas y pasadas de moda y así continuar con la cadena. La obsolescencia programada y percibida han sido ejes clave para la imposición del sistema productivo tal y como lo conocemos en la actualidad.

El lado oscuro es la infelicidad, esa otra cara de la moneda que nadie o casi nadie quiere ver, el alto coste que debe pagar por ello el individuo, la falta de tiempo y de libertad., la desigualdad y la miseria, la perdida de los recursos naturales y la escasez. O, como expone sabiamente Samuel Alexander (2015), la renuncia a algo tan valioso como el “tiempo y libertad para alcanzar otras metas vitales —el tiempo con la familia, la participación política y comunitaria, la creación artística o la espiritualidad— con el objetivo de tener una vida más llena, feliz y libre en armonía con la naturaleza”.

Muchos de los problemas a los que se enfrenta la sociedad actual, problemas a escala planetaria, están intrínsecamente relacionados con el afán de incrementar, aumentar y generar más producción, más riqueza, más abundancia, dando por supuesto el hecho de que esto es positivo. Se fabrica, se invierte y se crean multitud de productos, servicios, bienes y recursos materiales que son totalmente innecesarios, donde la justificación máxima viene dada por la generación de empleo y de un aumento de la sociedad del bienestar. Pongo en duda esa sociedad de bienestar, que yo denomino sociedad del malestar por el aumento de los problemas de salud derivados del estrés, la ansiedad, la depresión, el insomnio, la mala alimentación, así como incremento de enfermedades asociadas a la contaminación y la mala alimentación, y de los problemas sociales relacionados con la desigualdad social, el incremento de la pobreza en los países del Sur, la precariedad laboral, la falta de tiempo para dedicar al cuidado de los hijos, de la familia, de los ancianos, de la realización personal, o del disfrute de la vida sin vinculación a algo que redunde en productividad económica. Así como un incremento de los conflictos a nivel internacional, porque en este mundo todo está conectado, desde el terrorismo hasta la inmigración, o ¿acaso no es todo una lucha por los recursos existentes, donde el origen de dichos problemas a los que se enfrenta la sociedad está relacionado con la desigualdad?

Respecto al argumento de la generación de empleo para que gracias al sistema todos podamos vivir en ese estado narcótico del bienestar, es sólo un falso reflejo, ya que el análisis de la realidad nos muestra un panorama bien distinto. Lo primero es que ese crecimiento genera desigualdad social, desigualdad Norte-Sur, para exponerlo en términos muy claros, para que unos vivan muy bien (y cuestiono esta denominada calidad de vida en muchos términos) otros deben vivir muy mal (hablo concretamente de explotación laboral, explotación infantil, contaminación y destrucción de recursos naturales).

Si el acceso masificado a los productos nos hace creernos que existe una menor desigualdad social es que nos hemos puesto una venda en los ojos. El producto que compras lleva el sello de la explotación laboral, falta de seguridad laboral, precariedad y empleo temporal, la pérdida de libertad del individuo, a cambio de un producto asequible a tu bolsillo para que el propio productor sea el propio comprador, o donde el sello de la explotación en otro país perdido del mundo o aislado del selecto conjunto de países considerados desarrollados (de nuevo planteo la duda de qué denominamos por desarrollo, y el propio reduccionismo del termino con un carácter claramente etnocéntrico del mismo, obviando la cantidad de ideas, enfoques o valores sociales y culturales que puede entrañar el propio concepto). La realidad es que el coste del producto adquirido es muy alto ya que para pagarlo has debido hacer muchas horas extras, trabajar por salarios irrisorios o formar parte, de manera indirecta, del entramado de explotación mundial y de destrucción del ecosistema.

Como expone Julio García Camarero, en su Manifiesto de la Transición al Decrecimiento Feliz:

La gente solo quiere ver que puede seguir adorando al Dios crecimiento. Ya que el Poder Mediático ha introducido este chip, de esta mayor mentira de la historia, en el cerebro de todo terráqueo. Es por esta circunstancia por lo que, hoy en día casi todos los esfuerzos verdes, NO HABLAN DE DECRECIMIENTO (por temor a perder votos) solo se atreven a intentar simplemente reformar esa sociedad, de tal modo que se reduzca algo su agresión al medio ambiente, siempre reformismos insuficientes, y por esto prácticamente no hay campañas de decrecimiento (ni en movimientos verdes-ecologistas, ni en partidos verdes).Y precisamente por eso es indispensable denunciar a fondo las ATROCIDADES DEL CRECIMIENTO.

Decrecer implica por tanto reducir nuestro impacto en el medio ambiente, reciclar y reutilizar, algo que da lugar a un amplio abanico de posibilidades de crecimiento en otros ámbitos como el del conocimiento, la libertad o la igualdad, así como espacio para el mantenimiento de la producción, pero racionalizada, limitada y basada en unas necesidades y servicios que responden a la calidad de vida de las personas y del medio ambiente. También da lugar a la reinvención de nuevos empleos y formas de emprender ligados a una cultura del reciclaje, de la reutilización, de la sostenibilidad y de una sociedad de verdadero bienestar, donde se reduzcan las jornadas laborales, promoviendo la generación de otro tipo de riqueza como es el cultivo de las relaciones humanas, la dedicación a la familia, el cuidado de los hijos y de los mayores, la realización o autorrealización personal y profesional y el disfrute de la vida y de la naturaleza.

La propuesta del Decrecimiento no es una visión basada en la escasez sino en la abundancia de aspectos que para el individuo son fundamentales, que sustentan su sentido del ser y del universo, que se relacionan con las necesidades vitales y con las motivaciones de estos para alcanzar una vida plena y satisfactoria. No abundancia de cosas, sino de experiencias, de relaciones, de conocimientos, de vida. Esto no significa un retroceso a una edad de piedra ni la pérdida de todos los bienes materiales sino una revolución cultural y del pensamiento en el que se racionaliza la producción y la compra, donde se tienen en cuenta los aspectos sociales, medioambientales, y se promueva la libertad individual.

Me reafirmo en que compramos basura, comemos basura y nos ponemos basura, y digo esto por en el sistema en que se producen los productos que llegan a nuestras manos, están manchados por la explotación, manchados por la destrucción del ecosistema, manchados por la falta de calidad de los mismos. Lo que comemos no es sano, lo que nos viste contamina y aboca a miles de personas a la pobreza extrema y, lo que es más importante, nos hace cada vez más dependientes y menos libres para tomar nuestras propias decisiones.

Este mundo hace tiempo que da señales de caducidad, la caducidad de una sistema cíclico que contiene crisis, hambrunas, migraciones masivas, muerte y destrucción a escala planetaria, y todo ello en aras del alabado crecimiento económico o mal denominado desarrollo. Hay que comenzar a plantearse que tal vez no necesitemos diez pares de zapatos, ni tres ordenadores, dos televisiones, dos coches, ni cambiar el salón de tu casa cada año, y esto debe comenzar desde el sistema educativo, desde edades tempranas. Esta revolución debe comenzar desde lo local, desde las pequeñas comunidades, desde el entorno rural o urbano, desde lo público pero también desde lo privado, desde la propia familia, este proceso debe ser un movimiento social que imponga cambios al sistema. Es la sociedad civil y los propios movimientos sociales los que determinan los cambios sociales, por tanto debe ser algo que se construya desde la ciudadanía. Y es algo que conlleva un cambio profundo de todas las esferas sociales, a largo plazo, sin fórmulas mágicas, basado en el conocimiento, la información, la sensibilización desde la infancia hasta la vejez.

La cultura de la producción local, la vuelta al entorno natural, la apropiación del espacio natural en las ciudades, la vuelta a los oficios relacionados con la reparación, la reutilización, la creación de legislación y políticas de protección medioambiental, de calidad, de exigencias de derechos laborales a nivel internacional, la inclusión de la educación medioambiental y del propio decrecimiento en el sistema educativo, son algunas de las medidas que fomentan el cambio, un cambio que ha de ser social, educativo, cultural, económico y político.

Lo que no es viable ni racional es creer que podemos seguir viviendo en una cultura del despilfarro como la actual, como si el mundo fuese infinito y sin pensar en las consecuencias futuras; esperar una solución mágica en manos de la ciencia o la tecnología capaz de resolver todos los males de nuestra civilización y dotarnos de nuevos recursos sin tener que realizar esfuerzos ni reducir nuestro consumo. No podemos vivir de forma irresponsable, se requiere una voluntad política y una ciudadanía informada, responsable y activa que tome consciencia de los problemas reales a los que nos enfrentamos como sociedad con una visión amplia y global, más allá del confort de nuestras vidas, de la seguridad de lo conocido, para dar una respuesta que traiga consigo un cambio social, económico, político y educativo que permita que nuestros hijos, nuestros nietos y el resto de generaciones futuras puedan tener una calidad de vida garantizada.

Como profesora, como madre y como socióloga considero clave una educación basada en una mirada crítica a nuestro sistema de producción, desde una global, objetiva, crítica. Una mirada amplia del mundo. Y creo firmemente que debe comenzar desde esferas clave como la familia, el barrio, las escuelas, las universidades, las comunidades, desde la propia ciudadanía.

Es necesario una solidaridad intergeneracional que tome conciencia de la importancia de decrecer en términos económicos para crecer en términos sociales, intelectuales, y espirituales. Y es necesario la implicación de la educación en estos términos, dentro de la escuela y de las universidades, de la capacidad de dar a conocer, de analizar, de fomentar el desarrollo de ciudadanos críticos, informados y participativos, para ello es fundamental analizar los problemas a los que se enfrentan las sociedades y las generaciones futuras, despertar del sueño irreal y dar a conocer la opción de decrecer para crecer, para crecer en desarrollo humano y medioambiental.

Autora: Ana Velasco Gil.

Bibliografía

  • Alexander, S. (2015). “Simplicidad”. En: D´Alisa, G., Demaria, F. & Kallis, G. (Eds) Decrecimiento: vocabulario para una nueva era. Icaria. Barcelona. Pp 212-216.

  • Garcia Camarero, J. (2017): Manifiesto de la transición hacia el decrecimiento feliz. La Catarata. Madrid.

  • García Camarero, J. (2010). El decrecimiento feliz y el desarrollo humano. La Catarata. Madrid

  • Latouche, S. (2003). “Por una sociedad de decrecimiento” en Le Monde Diplomatique, 97 (Edición Española).

Eventos

Cursos- Talleres sobre la Economía del Bien Común

Realización de cursos-talleres específicos enfocados a estudiantes universitarios y profesorado (universitario, de secundaria y primaria).

La duración de los cursos-talleres es de 4 horas y están impartidos por profesorado y consultores de la EBC. Para la realización de estos cursos contamos con la colaboración de la Asociación Valenciana para el fomento de la Economía del Bien Común.

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