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Charla en el IES Nuñez de Arce

El pasado lunes día 8 tuvimos una charla con los alumnos de Economía de 2º de Bachillerato, el objetivo era mostrar que existen otras propuestas económicas y fomentar en los alumnos su espíritu crítico. Comenzamos viendo de forma rápida la evolución de la economía desde mediados del siglo XX hasta llegar a 2008 y se realizó una hipótesis del porque se había llegado a dicha situación, explicando a continuación nuevas alternativas al modelo económico actual, como la que representa la Economía del Bien Común (EBC), desarrollando a continuación aspectos generales de la EBC. Finalmente tuvimos un pequeño debate, donde surgió la pregunta sobre la implementación del “año sabático” que contiene los 20 puntos para una Economía del Bien Común.

Queremos agradecer a la profesora del departamento de Economía Fermina Ordax y al director del centro Joaquín Fartos su colaboración, sin la cual no habría sido posible dicho acto, quedando emplazados a seguir colaborando con nuevas charlas, seminarios,… Estos acontecimientos nos permiten mostrar a la sociedad que existen alternativas por una nueva Economía cuyo foco sea el bienestar de la mayoría, aportando ideas realizables a las soluciones necesarias.

CE Valladolid

Jornadas Economía Social y Solidaria

La Facultad de Comercio de la UVA ha acogido los días 8, 9 y 10 de octubre unas Jornadas sobre Economía Social y Solidaria, que ha contado con la presencia de: Departamento Geografía UVA, Carro de Combate, Oikocredit, Fiare Banca ética, Ecogermen, Energética, Entrevecinos, UVA emprende, ICE JCyL, Goteo crowdfunding y Asociación Fiare, todo ello organizado por la Oficina de Cooperación de la UVA.

Tuvimos oportunidad de conocer diferentes acciones en Valladolid relacionadas con la Economía Social y Solidaria, contando con la presencia de nuestra compañera Ana Velasco como moderadora de una charla.

Nuevos líderes políticos, ¿cómo afectan al Bien Común?

Recientemente un partido político con presencia mayoritaria en la sociedad española ha elegido a su nuevo líder, con el encargo por un lado de ilusionar a una parte importante de la sociedad y por otro con la obligación de resolver los problemas de una crisis que parece no tener fin.

Este escrito aunque describe mi visión personal, no esconde que de alguna manera pretende ser la voz de las propuestas que la Economía del Bien Común (EBC) realiza para el “bien vivir” de la mayoría de nuestra sociedad, y globalmente de cualquier sociedad.

La EBC tiene como principio no identificarse con ningún partido político, es un movimiento que se dirige a toda la sociedad, y por tanto está abierto a colaboraciones con cualquier partido político democrático, pero no puede quedarse inerte ante planteamientos que afectan de forma negativa a la mayoría de la población, en beneficio únicamente de una élite minoritaria.

Cabe englobar en el punto anterior las declaraciones de principios, que han aparecido estos días en los principales periódicos económicos (Expansión y 5 Días), donde tras la elección de Pablo Casado como nuevo líder del Partido Popular, hace referencia entre otros asuntos a un nuevo programa económico, dirigido por el neoliberal Daniel Lacalle, con una serie de propuestas programáticas que socavan los valores fundamentales de la EBC: Dignidad humana, Solidaridad, Sostenibilidad ecológica, Justicia social, Participación democrática y transparencia.

Analicemos de forma resumida las claves del programa económico de Casado para liderar el PP:

  1. Propone bajar el tipo máximo de IRPF al 40%

  2. Impuesto de Sociedades tipo máximo al 10%

  3. Suprimir el impuesto de Patrimonio, Sucesiones y Donaciones

1.-Según 5 Días como primera propuesta, Casado pretende bajar el tipo máximo de IRPF del 45% al 40%. Una medida de corte neoliberal que pretende reducir la recaudación del Estado y con ello favorecer la creación de empleo, así como dar un impulso a la inversión.

No se si la idea de que bajando el IRPF máximo se consigue más empleo es una afirmación del equipo económico de Casado o es una conclusión del periodista de 5 Días, pero esa afirmación está fuera de todo rigor, no conozco ningún lugar en el que se genere más empleo (se supone que vía consumo) por bajar el IRPF de los que más ganan , la realidad es todo lo contrario, ya que las rentas altas al tener mayor disponibilidad económica suelen invertirla en especular financieramente para obtener más réditos; lo que si está comprobado es que una mayor disponibilidad económica en las rentas medias-bajas casi siempre va directamente a consumo.

2.-En la misma línea va dirigida la rebaja del impuesto de sociedades del 25% al 10%. Eso sí, de manera gradual. De esta forma, desde el nuevo PP se pretende que aumente el beneficio de las empresas y que el Estado recaude por otros cauces como el IVA.

Esto es como mínimo insultante, actualmente las rentas de las familias aportan al estado el 83% de lo recaudado y las empresas el 12% (Atacc 24/06/2018); ¿que se quiere conseguir con esta propuesta?, ¿que más del 90% de la recaudación de impuestos sea por las rentas familiares?, si esto consiguen llevarlo a cabo unido a la subida del IVA (para recaudar como indica por otros cauces), la disponibilidad de rentas para la inmensa mayoría de la población se verá menguada de una forma muy peligrosa. Otro “mantra” que posiblemente evocarán es que “con mayores beneficios de la empresa se genera empleo” (en breve lo oiremos), lo cual es completamente falso, dado que por un lado la empresa solo contrata si tiene necesidades reales no porque haya ganado más por sus ventajas fiscales, pero por otro lado si la carga fiscal va a recaer en la mayoría de la población (rentas familiares), dudo mucho que el consumo crezca.

3.-Por último, y como principal eje de su futura política económica, Casado está decidido a suprimir los impuestos de patrimonio, donaciones y sucesiones por “regresivos, injustos y completamente inmorales”, según declaró Daniel Lacalle, encargado de diseñar el programa económico del líder popular.

Otra manipulación más a la sociedad, la realidad es que dichos impuestos afectan de forma practica a menos del 10% de la población, lo que es “regresivo, injusto e inmoral” es que se legisle económicamente solamente para ese 10% de privilegiados; las políticas económicas deben de ser equitativas (no igualitarias) y por tanto los más ricos deben de colaborar de forma diferente, las políticas de igualdad deben de ser entre iguales, en este caso propuestas como las de EBC sobre las herencias y donaciones, dan soluciones que están en un punto intermedio entre la confiscación total y la libre disposición de la riqueza, por donación o herencia.

El nuevo presidente ha querido centrar su política económica en la fiscalidad. Para ello, ha incluido en su equipo al economista Daniel Lacalle que ha perfilado este programa de corte liberal y pensado para satisfacer a una amplia mayoría de los militantes del PP. Algo que puede traducirse como menos gestión de urgencia y más acorde con los valores fundacionales del partido (5 Días 20/7/2018).

La afirmación de “satisfacer a una amplia mayoría de los militantes del PP”, tal vez fuera cierta si sus ¡800.000 afiliados! pertenecieran a ese 10% que tiene la mayoría de la riqueza del país, pero dudo mucho que las 8.000.000 de personas que han votado al PP en 2016 estén en esa situación económica, más bien todas estas propuestas económicas, de llevarse a cabo, les penalizarán de forma irreversible.

Esperemos que Casado rectifique sus propuestas económicas, el mismo comenta en público “mis políticas son para todos los ciudadanos”, y creo que sus votantes más pronto que tarde, si no rectifica, se darán cuenta que sus políticas económicas son solo para unos pocos privilegiados.

J.M.Martín

Políticos y medios de comunicación, la voz de los poderosos

Día tras día recibimos insistentes mensajes de los poderosos a través de sus agentes de que “No hay alternativa”, con el objetivo claro de que esta idea cale en la mayoría silenciosa; pero por otro lado observamos una mayor presencia de movimientos sociales que contradicen dicho “mantra ideológico”, enviándonos un mensaje claro de que “Hay muchas alternativas”.

Cabría entonces preguntarse ¿cómo hemos llegado a esta situación?, en la que una mayoría de la población cree a ciencia cierta el mantra ideológico que los poderosos han conseguido imponer a través de sus portavoces: los políticos y los medios de comunicación, analicemos con detalle esta situación en cada uno de los casos.

A nivel político no comparto la queja popular de “que todos los políticos son iguales”, ya que no lo son, pero los hechos prueban que los que tienen poder y capacidad de legislar lo hacen abrumadoramente en defensa de los intereses de los poderosos, y para muestra de ello veamos iniciativas políticas y legislativas del presente siglo: privatización de servicios públicos, socialización de perdidas de las grandes corporaciones, perdida de derechos laborales, protección de los derechos de las transnacionales en contra de los derechos ciudadanos, …, daría para llenar folios describiéndolas.

Con respecto a los medios de comunicación, la mayoría de ellos están concentrados en muy pocas manos y defienden unos intereses muy particulares, que coinciden plenamente con los de los poderosos. Es un hecho constatado que muchos profesionales nos muestran habitualmente como información lo que realmente es opinión e ideología, y día tras día saturan a la opinión pública con mensajes del tipo “No hay alternativa” con opiniones tales como: “de donde sacamos dinero para determinada acción social”, “hay que bajar el paro aunque para ello el trabajador deba renunciar a sus derechos”, “hay que privatizar servicios públicos esenciales ya que la gestión privada es más efectiva”, “el libre comercio es la panacea que resolverá todos los problemas mundiales”, y así una larga lista de clichés prefabricados por los lobbies del poder neoliberal dominante.

La realidad desafortunadamente es la que mostramos, los dos grandes grupos que controlan la opinión pública – políticos y medios de comunicación- están completamente alineados con la postura neoliberal de “No hay alternativa”, y esta visión por desgracia está calando en amplias capas de la población, por lo que cabe preguntarse, ¿qué podemos hacer a nivel individual para revertirlo?, desde luego que no hay una formula mágica, pero si cabría un posicionamiento claro con posturas del tipo “Hay otras alternativas”, apoyando a diferentes movimientos sociales, como: ecologistas, comercio justo, economías alternativas, …, formulando propuestas encaminadas a que la mayoría de la población tenga una vida digna, aunque para ello los poderosos tengan que colaborar en su justa medida, ni más ni menos.

El sistema neoliberal actual cuyos valores son el crecimiento ilimitado, acaparar riqueza y competencia/individualismo, no está dando soluciones a los problemas de la mayoría, por lo que desde el inicio de la crisis están surgiendo diferentes alternativas de modelos económicos, como “La Economía del Bien Común”, movimiento social holístico que se sustenta en los valores que nos permiten mejorar nuestras relaciones personales, como son: la colaboración, la solidaridad, la empatía, …, y donde el dinero, para conseguir los objetivos sociales, pasa de ser un fin a ser un medio. Esto que puede sonar como una propuesta antisistema, es lo que la mayoría de las Constituciones de los países democráticos dicen: en el caso español en el artículo 128 dice literalmente: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.

Autor: J.M.Martín

El decrecimiento desde las aulas

El Decrecimiento como corriente crítica al actual sistema de producción capitalista es una revolución cultural, social, ideológica y educativa que debe ser insertada dentro del sistema educativo como una respuesta crítica a los problemas a los que se enfrenta actualmente el mundo capitalista consumista y globalizado.

Las bases sobre las que sustento la necesidad de dar a conocer esta revolución ideológica, cultural, y social es la propia idea o concepto de desarrollo, donde se plantea un nuevo enfoque sobre los aspectos que se vinculan al desarrollo. Y considero fundamental que este llegue a las aulas como una vía alternativa o posibles vías alternativas de desarrollo.

En este aspecto me parece fundamental distinguir lo que son las propuestas de desarrollo sostenible, donde no se disminuye el crecimiento sino que simplemente se plantea una reformulación del mismo en términos de sostenibilidad. Hecho que hace que muchos nos cuestionemos esta alternativa, optando por ir a la propia raíz de lo que representa el problema: el propio crecimiento. La cuestión es: ¿crecer para qué?, ¿con qué finalidad, con qué motivo, en qué sentido?

Es necesario un análisis más profundo del propio concepto de desarrollo omitiendo del mismo la asociación o similitud al que ha sido vinculado hasta la actualidad con el crecimiento económico.

Desarrollo no significa crecimiento económico, o no de forma intrínseca; el desarrollo no tiene por qué venir dado de la mano de un aumento económico, ni se puede derivar de este hecho un mayor estado de bienestar o de alcanzar otros aspectos fundamentales que definen el progreso, como es la educación, la igualdad, la participación ciudadana o el medio ambiente. O no, desde luego, desde un punto de vista en el cual el concepto de desarrollo se vincula a una serie de aspectos o valores relacionados con una cultura determinada en un momento de la historia, en el que por tanto hace referencia a una serie de cuestiones relacionadas con construcciones de la realidad en base a valores sociales y culturales, así como otras cuestiones como el contexto social, cultural, político, económico, o el propio entorno natural. Por lo que del desarrollo, como definición universal, podemos extraer la idea de alcanzar mejoras en la sociedad en todas sus esferas, aunque dependerá de cada una de las culturas o comunidades lo que sea considerado como tal.

Cuando se habla de crecimiento en el ámbito del progreso o del desarrollo en raras ocasiones nos encontramos un crecimiento ligado al aumento de conocimiento, al incremento del tiempo personal, al aumento de las relaciones humanas o de la libertad del individuo, de la participación social o de la igualdad de género. Más bien se asocia la idea de desarrollo al crecimiento económico como base principal que sustenta el desarrollo de la sociedad, sin tener en cuenta que este no tiene por qué ir asociado a un mayor reparto de la riqueza, un incremento en la igualdad, ni en una sociedad más participativa, ni más informada, ni con más libertades, ni con más tiempo y calidad de vida, ni siquiera una sociedad más feliz.

La razón está en que la riqueza económica permite el desarrollo y dotación de determinados servicios como son los educativos, sanitarios, pero la vorágine del sistema de producción consumista actual convierte este fenómeno en una verdadera trampa sin salida, donde para poder obtener estos servicios o este estado del bienestar debo pagar un precio muy alto. El coste no es otro que el aumento de desigualdad a nivel mundial, la brecha Norte Sur, la desigualdad social, el deterioro del ecosistema, la sobreexplotación de los recursos y la disminución del tiempo, el poder, los derechos y la libertad del individuo. Un sistema donde la meta final es que todos seamos consumidores de los productos que elaboramos de manera que se mantenga el círculo vicioso sin fin, o hasta que el mundo explote.

Para poder tener todo lo que considero imprescindible y necesario —y aquí entra la labor publicitaria y de los medios de comunicación como estrategia de marketing y de creación de realidades ficticias — debo consumir hasta morir, para tener un empleo, y poder acumular y comprar cosas. Es necesario tener cosas, renovarlas y cambiarlas cuando estás queden obsoletas y pasadas de moda y así continuar con la cadena. La obsolescencia programada y percibida han sido ejes clave para la imposición del sistema productivo tal y como lo conocemos en la actualidad.

El lado oscuro es la infelicidad, esa otra cara de la moneda que nadie o casi nadie quiere ver, el alto coste que debe pagar por ello el individuo, la falta de tiempo y de libertad., la desigualdad y la miseria, la perdida de los recursos naturales y la escasez. O, como expone sabiamente Samuel Alexander (2015), la renuncia a algo tan valioso como el “tiempo y libertad para alcanzar otras metas vitales —el tiempo con la familia, la participación política y comunitaria, la creación artística o la espiritualidad— con el objetivo de tener una vida más llena, feliz y libre en armonía con la naturaleza”.

Muchos de los problemas a los que se enfrenta la sociedad actual, problemas a escala planetaria, están intrínsecamente relacionados con el afán de incrementar, aumentar y generar más producción, más riqueza, más abundancia, dando por supuesto el hecho de que esto es positivo. Se fabrica, se invierte y se crean multitud de productos, servicios, bienes y recursos materiales que son totalmente innecesarios, donde la justificación máxima viene dada por la generación de empleo y de un aumento de la sociedad del bienestar. Pongo en duda esa sociedad de bienestar, que yo denomino sociedad del malestar por el aumento de los problemas de salud derivados del estrés, la ansiedad, la depresión, el insomnio, la mala alimentación, así como incremento de enfermedades asociadas a la contaminación y la mala alimentación, y de los problemas sociales relacionados con la desigualdad social, el incremento de la pobreza en los países del Sur, la precariedad laboral, la falta de tiempo para dedicar al cuidado de los hijos, de la familia, de los ancianos, de la realización personal, o del disfrute de la vida sin vinculación a algo que redunde en productividad económica. Así como un incremento de los conflictos a nivel internacional, porque en este mundo todo está conectado, desde el terrorismo hasta la inmigración, o ¿acaso no es todo una lucha por los recursos existentes, donde el origen de dichos problemas a los que se enfrenta la sociedad está relacionado con la desigualdad?

Respecto al argumento de la generación de empleo para que gracias al sistema todos podamos vivir en ese estado narcótico del bienestar, es sólo un falso reflejo, ya que el análisis de la realidad nos muestra un panorama bien distinto. Lo primero es que ese crecimiento genera desigualdad social, desigualdad Norte-Sur, para exponerlo en términos muy claros, para que unos vivan muy bien (y cuestiono esta denominada calidad de vida en muchos términos) otros deben vivir muy mal (hablo concretamente de explotación laboral, explotación infantil, contaminación y destrucción de recursos naturales).

Si el acceso masificado a los productos nos hace creernos que existe una menor desigualdad social es que nos hemos puesto una venda en los ojos. El producto que compras lleva el sello de la explotación laboral, falta de seguridad laboral, precariedad y empleo temporal, la pérdida de libertad del individuo, a cambio de un producto asequible a tu bolsillo para que el propio productor sea el propio comprador, o donde el sello de la explotación en otro país perdido del mundo o aislado del selecto conjunto de países considerados desarrollados (de nuevo planteo la duda de qué denominamos por desarrollo, y el propio reduccionismo del termino con un carácter claramente etnocéntrico del mismo, obviando la cantidad de ideas, enfoques o valores sociales y culturales que puede entrañar el propio concepto). La realidad es que el coste del producto adquirido es muy alto ya que para pagarlo has debido hacer muchas horas extras, trabajar por salarios irrisorios o formar parte, de manera indirecta, del entramado de explotación mundial y de destrucción del ecosistema.

Como expone Julio García Camarero, en su Manifiesto de la Transición al Decrecimiento Feliz:

La gente solo quiere ver que puede seguir adorando al Dios crecimiento. Ya que el Poder Mediático ha introducido este chip, de esta mayor mentira de la historia, en el cerebro de todo terráqueo. Es por esta circunstancia por lo que, hoy en día casi todos los esfuerzos verdes, NO HABLAN DE DECRECIMIENTO (por temor a perder votos) solo se atreven a intentar simplemente reformar esa sociedad, de tal modo que se reduzca algo su agresión al medio ambiente, siempre reformismos insuficientes, y por esto prácticamente no hay campañas de decrecimiento (ni en movimientos verdes-ecologistas, ni en partidos verdes).Y precisamente por eso es indispensable denunciar a fondo las ATROCIDADES DEL CRECIMIENTO.

Decrecer implica por tanto reducir nuestro impacto en el medio ambiente, reciclar y reutilizar, algo que da lugar a un amplio abanico de posibilidades de crecimiento en otros ámbitos como el del conocimiento, la libertad o la igualdad, así como espacio para el mantenimiento de la producción, pero racionalizada, limitada y basada en unas necesidades y servicios que responden a la calidad de vida de las personas y del medio ambiente. También da lugar a la reinvención de nuevos empleos y formas de emprender ligados a una cultura del reciclaje, de la reutilización, de la sostenibilidad y de una sociedad de verdadero bienestar, donde se reduzcan las jornadas laborales, promoviendo la generación de otro tipo de riqueza como es el cultivo de las relaciones humanas, la dedicación a la familia, el cuidado de los hijos y de los mayores, la realización o autorrealización personal y profesional y el disfrute de la vida y de la naturaleza.

La propuesta del Decrecimiento no es una visión basada en la escasez sino en la abundancia de aspectos que para el individuo son fundamentales, que sustentan su sentido del ser y del universo, que se relacionan con las necesidades vitales y con las motivaciones de estos para alcanzar una vida plena y satisfactoria. No abundancia de cosas, sino de experiencias, de relaciones, de conocimientos, de vida. Esto no significa un retroceso a una edad de piedra ni la pérdida de todos los bienes materiales sino una revolución cultural y del pensamiento en el que se racionaliza la producción y la compra, donde se tienen en cuenta los aspectos sociales, medioambientales, y se promueva la libertad individual.

Me reafirmo en que compramos basura, comemos basura y nos ponemos basura, y digo esto por en el sistema en que se producen los productos que llegan a nuestras manos, están manchados por la explotación, manchados por la destrucción del ecosistema, manchados por la falta de calidad de los mismos. Lo que comemos no es sano, lo que nos viste contamina y aboca a miles de personas a la pobreza extrema y, lo que es más importante, nos hace cada vez más dependientes y menos libres para tomar nuestras propias decisiones.

Este mundo hace tiempo que da señales de caducidad, la caducidad de una sistema cíclico que contiene crisis, hambrunas, migraciones masivas, muerte y destrucción a escala planetaria, y todo ello en aras del alabado crecimiento económico o mal denominado desarrollo. Hay que comenzar a plantearse que tal vez no necesitemos diez pares de zapatos, ni tres ordenadores, dos televisiones, dos coches, ni cambiar el salón de tu casa cada año, y esto debe comenzar desde el sistema educativo, desde edades tempranas. Esta revolución debe comenzar desde lo local, desde las pequeñas comunidades, desde el entorno rural o urbano, desde lo público pero también desde lo privado, desde la propia familia, este proceso debe ser un movimiento social que imponga cambios al sistema. Es la sociedad civil y los propios movimientos sociales los que determinan los cambios sociales, por tanto debe ser algo que se construya desde la ciudadanía. Y es algo que conlleva un cambio profundo de todas las esferas sociales, a largo plazo, sin fórmulas mágicas, basado en el conocimiento, la información, la sensibilización desde la infancia hasta la vejez.

La cultura de la producción local, la vuelta al entorno natural, la apropiación del espacio natural en las ciudades, la vuelta a los oficios relacionados con la reparación, la reutilización, la creación de legislación y políticas de protección medioambiental, de calidad, de exigencias de derechos laborales a nivel internacional, la inclusión de la educación medioambiental y del propio decrecimiento en el sistema educativo, son algunas de las medidas que fomentan el cambio, un cambio que ha de ser social, educativo, cultural, económico y político.

Lo que no es viable ni racional es creer que podemos seguir viviendo en una cultura del despilfarro como la actual, como si el mundo fuese infinito y sin pensar en las consecuencias futuras; esperar una solución mágica en manos de la ciencia o la tecnología capaz de resolver todos los males de nuestra civilización y dotarnos de nuevos recursos sin tener que realizar esfuerzos ni reducir nuestro consumo. No podemos vivir de forma irresponsable, se requiere una voluntad política y una ciudadanía informada, responsable y activa que tome consciencia de los problemas reales a los que nos enfrentamos como sociedad con una visión amplia y global, más allá del confort de nuestras vidas, de la seguridad de lo conocido, para dar una respuesta que traiga consigo un cambio social, económico, político y educativo que permita que nuestros hijos, nuestros nietos y el resto de generaciones futuras puedan tener una calidad de vida garantizada.

Como profesora, como madre y como socióloga considero clave una educación basada en una mirada crítica a nuestro sistema de producción, desde una global, objetiva, crítica. Una mirada amplia del mundo. Y creo firmemente que debe comenzar desde esferas clave como la familia, el barrio, las escuelas, las universidades, las comunidades, desde la propia ciudadanía.

Es necesario una solidaridad intergeneracional que tome conciencia de la importancia de decrecer en términos económicos para crecer en términos sociales, intelectuales, y espirituales. Y es necesario la implicación de la educación en estos términos, dentro de la escuela y de las universidades, de la capacidad de dar a conocer, de analizar, de fomentar el desarrollo de ciudadanos críticos, informados y participativos, para ello es fundamental analizar los problemas a los que se enfrentan las sociedades y las generaciones futuras, despertar del sueño irreal y dar a conocer la opción de decrecer para crecer, para crecer en desarrollo humano y medioambiental.

Autora: Ana Velasco Gil.

Bibliografía

  • Alexander, S. (2015). “Simplicidad”. En: D´Alisa, G., Demaria, F. & Kallis, G. (Eds) Decrecimiento: vocabulario para una nueva era. Icaria. Barcelona. Pp 212-216.

  • Garcia Camarero, J. (2017): Manifiesto de la transición hacia el decrecimiento feliz. La Catarata. Madrid.

  • García Camarero, J. (2010). El decrecimiento feliz y el desarrollo humano. La Catarata. Madrid

  • Latouche, S. (2003). “Por una sociedad de decrecimiento” en Le Monde Diplomatique, 97 (Edición Española).

Pensiones, cambio de paradigma en la economía

Parece que el debate sobre las Pensiones va a convertirse, ¡por fin!, en uno de los centros de interés de la actividad política española. Nuestros representantes políticos, ante la presión que ejercen los jubilados en la calle, han comenzado a improvisar propuestas deslavazadas dirigidas a atraer votantes ante el escepticismo de unos ciudadanos cansados de escuchar prometedoras declaraciones de intenciones que no llegan a concretarse, ya se sabe que nuestros políticos dicen una cosa antes de votarles y luego generalmente hacen otra diferente, eso si, ¡¡siempre en aras del interés de todos!!, aunque muchos ciudadanos luego no se encuentren incluidos en ese “todos”.

Con independencia del debate político en curso quisiera aportar un punto de vista diferente a la opinión dominante en la mayoría de los medios de comunicación, y de sus soportes tanto políticos como económicos.

Considero un error el enfoque de la discusión, la cual se centra solamente en aspectos monetarios, los cuales posiblemente en el muy corto plazo puedan tener una cierta razón de ser, pero que en el medio y largo plazo tienen muy poco sentido, como mostraré a continuación.

Analicemos en primer lugar el muy corto plazo, aquí los aspectos monetarios tienen su importancia, ya que un posicionamiento ideológico podrá considerar si los pensionistas pierden poder adquisitivo o no, y, sobre todo, con qué recursos se cuenta para tratar de mejorarlas y consolidar un sistema sostenible en el tiempo. El dinero disponible de recaudaciones sociales e impuestos, se puede desviar para unas partidas o para otras, por tanto es una decisión puramente ideológica, y todos sabemos cuales han sido las prioridades en el reparto del presupuesto en los últimos años.

El asunto anterior, con ser grave, no tiene la importancia que las soluciones a medio y largo plazo necesitan, y aquí pienso que ninguna de las diferentes propuestas de nuestros políticos dan en la diana, ya que todas son soluciones puramente monetarias, las cuales no resuelven el problema de fondo.

Mi reflexión viene tras haber leído estos días por tercera vez un libro -sus propuestas son tan diferentes que para asimilarlas hay que releerlas una y otra vez- de un economista que está cambiando muchos paradigmas del sistema económico imperante, Warren Mosler, que analiza lo que llama “Los siete fraudes inocentes de la política económica”, y uno de ellos es la afirmación de que “La Seguridad Social está en quiebra”, sobre todo el sistema de Pensiones.

Voy a extrapolar a España un ejemplo que él expone, para analizar el problema sobre todo en el largo plazo: “Supongamos que dentro de 50 años solo haya una persona trabajando y 47 millones de jubilados, esa persona tendría que producir todos los bienes y servicios necesarios para toda la población, y entonces se pregunta: ¿Y lo que tenemos que hacer es que los 47 millones de jubilados tengan fondos suficientes de sus pensiones para pagarle? ¡Yo no lo creo! El problema no es, obviamente, de dinero”.

La solución pasa por asegurarnos de que esa única persona sea capaz de trabajar lo suficientemente inteligente, productiva, sostenible,…, y tener los recursos necesarios para hacer todo, o bien los jubilados tendrán graves problemas, sin importar si tienen mucho o poco dinero (con su pensión). Por tanto la solución es que las personas activas (en el futuro) tengan la productividad necesaria, y con un reparto equitativo llegue para todos. Y esto se consigue haciendo que nuestros descendientes posean el conocimiento y la tecnología suficiente, que generen los productos y servicios necesarios.

Cualquier economista sabe que no hay bienes reales producidos hoy que sean útiles dentro de 50 años, lo único que podemos hacer para que nuestros descendientes (y jubilados) tengan futuro, es asegurarnos que estos posean el conocimiento y la tecnología adecuada, para conseguir cubrir las necesidades futuras, sin olvidarnos de la equidad social y sostenibilidad.

¿Y esto se consigue con el sistema económico que actualmente tenemos?, la respuesta sin duda es NO. Debemos cambiar los paradigmas de la economía actual por otro modelo con valores éticos, donde el dinero pase de ser un fin a un medio, y así conseguir los productos y servicios que la humanidad necesita, dentro de la sostenibilidad que condiciona una Tierra con recursos limitados.

La paradoja del sistema actual es que la mayor riqueza se genera con una economía ficticia -especulación con activos financieros- que lo único que hace es generar mayor desigualdad, y no se incentiva la economía real -generar productos y servicios necesarios para la humanidad-, esto aunque obvio, no se contempla por el pensamiento dominante. Este sistema no tiene futuro y actualmente están surgiendo nuevas visiones de economía que proponen nuevos valores en aras del bien común, como la de la Economía del Bien Común [economiadelbiencomun.org], que bien merecen ser analizadas y, en su caso, implementadas.

Juan Manuel Martín