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Propuestas económicas tras el Covid-19

Tras bastantes días de confinamiento, se perciben en la sociedad sensaciones encontradas; por un lado hay un cierto alivio por la relajación de las medidas sanitarias, pero por otro continúa una alta preocupación de ver que esta situación no ha concluido. Y todo ello se refleja tanto en las conversaciones de personas como en las opiniones de los teóricos expertos.

Ha comenzado una nueva fase donde hay que tomar decisiones para solventar los problemas que acarreará la crisis sanitaria, y muy especialmente la de dar solución a las dificultades económicas que en breve aparecerán. Los grupos de presión, con intereses económicos, ya están moviendo toda su maquinaria, con un único objetivo, acaparar la mayoría de los recursos disponibles y que sean otros los que paguen esta nueva crisis, con un modelo económico incapaz de dar una respuesta equilibrada, como desafortunadamente sucedió en la anterior de 2008.

En situaciones de grandes crisis, como la que estamos pasando, las soluciones suelen ser “extremas”, y la ideología dominante en la sociedad suele capitalizarlas a su favor, sirva como referencia las medidas tomadas tras el huracán Katrina en Nueva Orleans , donde las élites extractivas siguieron con sus políticas depredadoras; pero en ocasiones anteriores se encontraron soluciones completamente diferentes, como fueron las políticas económicas y sociales tras la segunda guerra mundial, que generaron el período de mayor desarrollo en la historia de la humanidad, sobre todo en el mundo occidental avanzado. Por tanto, no hay una sola vía para resolver los problemas, aunque el mensaje que figura en los “media” nos indique una única forma para salir de una crisis como la que se avecina, a pesar de que la historia constata una y otra vez que esa solución no funciona, como evidencia el fracaso de los programas de austeridad que se empeñó en aplicar la UE a partir del 2010.

Esta partida, en la actualidad está por jugar, y diferentes movimientos sociales y ONGs, que creen en la equidad como factor de desarrollo, están empezando a moverse, una de ellas es el “Manifiesto2020, por una sociedad justa”, cuyas propuestas económicas exponemos a continuación:

I. Establecimiento de una Renta básica universal.

II. Redistribución renta/riqueza (Desigualdad): Políticas fiscales altamente

progresivas y lucha contra la pobreza.

III. Fomentar la economía real sobre la especulativa: Producción de proximidad,

apoyo a la economía solidaria, regulación tasas “Tobin” y “Google”.

IV. Solidaridad internacional y UE: Dotación suficiente a la cooperación al

desarrollo, frente la Europa de las naciones recuperar la de las personas.

V. Garantizar las pensiones con su revalorización permanente, y acabar con la

brecha entre hombres y mujeres.

Estas propuestas tienen un objetivo integrador de valores compartidos, por lo que el Manifiesto2020 ha considerado no entrar en el detalle, dejando su desarrollo abierto a todos sus participantes en una búsqueda de consensos. En esta dinámica desarrollaré a continuación una propuesta basada en las aportaciones que han realizado en los últimos años, diferentes autores de la economía con una visión no convencional, como: Joseph E. Stiglitz, Christian Felber, Thomas Pikkety,…

Estas propuestas, tienen un punto en común, la búsqueda de una sociedad justa, donde todos los individuos tengan una subsistencia digna, y donde las desigualdades actuales, tanto internas como entre países, sean erradicadas. A pesar del rigor analítico de los autores anteriores, el “mainstream” de economistas, periodistas afines al neoliberalismo, etc., ha intentado, de forma vana, en los últimos años, descalificarlos a nivel profesional, con un discutible éxito, pero eso sí, han conseguido a nivel social que su mensaje cale entre la gente normal, la cual sigue creyendo firmemente todos sus mantras, y cualquier propuesta que se aparte de ese pensamiento único, da la sensación que nos llevará directamente al abismo.

El desarrollo siguiente es un intento de hacer ver a la mayoría social que hay otras propuestas económicas, basadas en hechos empíricos, que posiblemente den las soluciones que el modelo neoliberal actual ha sido incapaz de dar a los problemas económicos actuales. La exposición será muy lineal, propuestas económicas donde todo gasto está sustentado por un ingreso en unas condiciones normales de la economía, y en situaciones extremas como la actual, con un cierto déficit pero con viabilidad de futuro.

Una sociedad justa es aquella que es capaz de dar acceso a todas las personas a los bienes esenciales que necesitan: la alimentación, la educación, la salud, el derecho al voto y, en general, la participación plena de todos en las diversas formas de vida social, cultural, económica, cívica y política. Para ello el estado debe servir de equilibro a las desigualdades que la propia sociedad genera, y una herramienta efectiva es una fiscalidad altamente progresiva, la cual además genera un alto desarrollo sostenible para todos sus miembros, como la historia lo demuestra en el periodo 1945-1980 (esto son datos, no opiniones).

Nos apoyamos en las propuestas que Thomas Pikkety realiza sobre este asunto, y que resumimos en la siguiente tabla, en la cual desaparecen los impuestos indirectos (IVA), este impuesto es el más injusto de los actuales, dado que paga el mismo IVA un multimillonario que un indigente. También indicar que en contra de los mensajes interesados de “entendidos” en economía, dichas propuestas afectan de forma fundamental a los grandes patrimonios y a las rentas muy altas, no más de un 1% de la sociedad, y que a pesar de esta colaboración fiscal más alta, para ser exactos más justa, que no se preocupen porque seguirán siendo ricos. ¡Por tanto olvidémonos de los mensajes apocalípticos que surgirán!

La propuesta anterior, por novedosa, puede parecer que llevará a la sociedad a territorios desconocidos, lo cual en cierta manera es cierto, pero en realidad es una propuesta fiscal similar a la que realizaron desde los años 30 del siglo pasado hasta los años 80 los grandes modelos del capitalismo neoliberal, EE UU y el Reino Unido, y, como es bien sabido, el mundo tuvo durante ese período el mayor desarrollo que conoce la Historia. Por tanto, no la descalifiquemos simplemente por ideología, y aportemos debate en las cifras propuestas o en los métodos, pero está claro que es realizable y que puede ser implementada con éxito, no como todas las propuestas de austeridad aplicadas por la ideología neoliberal, que aparte de no conseguir resolver el problema, han generado un incremento exponencial de la desigualdad.

La propuesta de Piketty recauda sobre el 50% de la renta del país (incluyendo las cotizaciones sociales), y afecta principalmente a los patrimonios y rentas más altas, el resto de los contribuyentes verían mínimamente afectadas sus aportaciones. Pero, por contra, genera los recursos suficientes para hacer frente a todas necesidades de un autentico estado social, empezando por una novedad que a buen seguro a muchos sorprenderá, la posibilidad de generar una dotación de capital a todos los jóvenes cuando lleguen a la edad de 25 años, de esta forma las desigualdades de acceso al capital según donde se haya nacido se amortigua de forma significativa, y el mensaje de “meritocracia” del sistema actual se haría más creíble.

Otro aspecto que cubre esta propuesta fiscal, es la posibilidad de una renta básica anual equivalente al 60% de la renta media después de impuestos. Para dar una visión global, el desglose de los siguientes impuestos progresivos es el siguiente: el impuesto progresivo sobre la propiedad (anual y sucesiones) recauda el 5% de la renta y sería suficiente para cubrir una dotación de capital para los jóvenes al llegar a los 25 años, equivalente al 60% del patrimonio neto; el impuesto progresivo sobre las rentas, equivalente al 45% de la renta, cubriría con un 5% la renta básica anual, y con el 40% restante daría respuesta al estado social y ecológico.

En un estado justo, todos aportan de forma progresiva según lo que tienen, por lo que es una anomalía que en la actualidad haya territorios que escapan a la fiscalidad de los estados, como son, las operaciones que las transnacionales imputan a otros estados (normalmente “paraísos” fiscales o con sistemas de elusión fiscal), y las operaciones especulativas llamadas de “alta frecuencia”. A esta anómala situación de desigualdad hay que dar una solución justa, con las llamadas tasas Google y Tobin.

La Tasa Google se aplicaría a todas aquellas transnacionales que operan a nivel mundial con un volumen de operaciones superior a 500 millones de euros, y de más de 3 millones en el territorio español, a las que se gravaría con un 3% de todas sus operaciones reportadas por los ingresos de publicidad online, intermediación y venta de datos de usuarios en territorio español.

La Tasa Tobin, o impuesto a las transacciones financieras (ITF), es un impuesto indirecto que gravaría con un 0,2% las operaciones de compra de acciones de empresas con una capitalización bursátil superior a los 1.000 millones de euros, o sea, 34 de las 35 empresas del Ibex, pero no al resto de empresas que no alcancen dicho valor. Este impuesto solo lo pagarían las personas que compran y vendan acciones de esas grandes empresas. Este impuesto junto con otro referente al “carbón”, aunque es un impuesto indirecto, compensa una externalidad negativa que provocan ambas situaciones, lo lógico es que si se resolviesen dichas externalidades negativas dichas tasas deberían desaparecer.

Las propuestas anteriores son de aplicación general para la consecución de una sociedad justa, y son atemporales. En la situación actual provocada por el Covid19 hay otras acciones que son fundamentales para salir de una forma u otra de esta crisis, y de ellas dependen en gran manera la actuación de la UE en su gestión, por lo que debemos exigir soluciones que pongan el foco en las personas y no solamente en los intereses económicos y financieros de los grandes grupos de presión, con una propuesta de implementación de los que han sido llamados “coronabonos”, no podemos encadenar una nueva rueda de deuda en los países que más han sufrido la pandemia, y que abocaría, sin duda, a otra situación como la de 2008-2010. Puede y debe existir un justo equilibrio entre la responsabilidad de quienes reciben ayuda y la cooperación de la UE en la solución. Una UE en la que prevalezcan los intereses egoístas de unos estados, no tiene futuro.

Juan Manuel Martín

Coordinadora Manifiesto2020, por una sociedad justa

Campo Energía EBC-Valladolid

Propiedad, Dinero, Deuda,…, presente y futuro

Aunque la actualidad del Covid19 puede con todo, este artículo que tenía pendiente, puede aportarnos una visión diferente a la forma de contemplar la deuda y el valor del dinero. El debate europeo de los coronabonos, en el Parlamento Europeo, es el de la tremenda deuda publica que se generará en la emergencia sanitaria del coronavirus. ¡Y la deuda de los países del sur será impagable en las condiciones actuales!.

Sobre el siglo XXI se ha escrito mucho y variado, se nos dijo, que iba a ser una nueva época donde la tecnología nos salvaría de todos los peligros que a lo largo de la historia han tenido que hacer frente los seres humanos: fin de la pobreza, mayor confort de vida, etc. Pero mal comenzamos, cuando nada más iniciarse explotó la primera burbuja económica, la de las tecnológicas. Pero no había que temer, sesudos economistas rápidamente buscaron soluciones, y los 5 años siguientes parecieron que, de nuevo, la riqueza/dinero no tenía fin.

Entonces, ¿qué sucedió para que en 2008 pareciese que el mundo llegaba a su fin?. Buscar culpables no suele ser tarea muy difícil, aunque si se yerra en el diagnostico el problema se multiplica, lo realmente complicado es buscar soluciones que funcionen de forma equitativa. Han pasado más de 10 años y la situación sigue sin resolverse satisfactoriamente para la sociedad, dado que aunque la riqueza global es similar a la del inicio de la crisis, las desigualdades de renta y propiedad han crecido de forma exponencial, dado que, la mayoría de las plusvalías han ido a parar a un segmento muy reducido de élites económicas, con todos los matices que queramos poner.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?. A mediados del siglo XX comenzó una época donde la economía creció de una forma robusta, y el reparto de las rentas y la propiedad, posiblemente, llego al punto de mayor equidad conocido en toda la historia. Parte de “culpa” la tuvo por un lado la existencia de sistema económico diferente y alternativo al capitalismo, el comunismo, el cual era una amenaza para los capitalistas, y por tanto (aunque no de buen gusto) los capitalistas admitieron dicha equidad en el reparto; y por otro la sustentación del sistema capitalista en la convertibilidad del dinero en oro. Esto último provocaba que la economía tuviese un límite de endeudamiento, y por tanto limitaba el crecimiento del PIB, atentando contra una de las múltiples paradojas del capitalismo, que para subsistir necesita ineludiblemente crecer, sino colapsa.

Recordemos que el capitalismo, sobre todo el neoliberal, tiene unos “dogmas” que, gracias a ellos, consiguen el bienestar necesario para todos (la famosa mano invisible): Crecimiento ilimitado – Acaparamiento de dinero/riqueza – Individualismo/Competencia; pero todo lo anterior con un sistema monetario sustentado en el oro no podía funcionar, las existencias de oro tienen un límite, y por tanto el dinero también. Algo se tendría que hacer, y vaya que lo hicieron, no tardaron en encontrar la solución necesaria para que el PIB siguiese creciendo sin cesar.

Eran finales de los años 60 y desaparece la convertibilidad del dinero en oro, iniciándose una nueva época con la introducción del dinero fiduciario, el cual se sustenta únicamente en la confianza. Había llegado el momento al que algunos estaban esperando para seguir creciendo, aunque este crecimiento fuera causado por el crédito, pero con ello el “totem” del capitalismo, el PIB, estaba de nuevo a salvo .

A finales de los 70 y durante todos los 80, del siglo XX, toman las riendas de la economía los ideólogos neoliberales, y unido a la desaparición en 1989 del sistema comunista, parecía que habíamos llegado al final de la historia, como bien nos decía Fukuyama en su bestseller. Todo parecía que iba bien y el PIB seguía creciendo año tras año, pero la deuda crecía mucho más, y se necesitaba, siempre, algún punto de más en el crédito disponible que en el PIB conseguido; ya no era posible crecer sin poner en circulación más dinero fiduciario que proporcionase crédito, y el dinero ahora no era problema al no tener conversión en oro. Esto era una locura que nadie quería ver, ya que el crédito impulsaba el consumo, y un (teórico) nivel de vida desconocido hasta entonces, pero llego 2008 y comprobamos que todo lo anterior había sido mas que un sueño, una pesadilla.

Sobre el tema de la deuda hay posicionamientos de todo tipo, incluso dentro de una misma ideología económica visiones divergentes, la realidad es que actualmente la deuda es mayor que el PIB mundial, situación que en gran parte la provocó la no paridad del dinero con el oro; pero hay otro problema más grave ligado al dinero fiduciario – que unido a la desaparición de un mínimo de regulaciones financieras promovido por la ideología neoliberal- han permitido la generación de crédito sin limite y la aparición de toda una serie de productos en un mercado opaco extrabursátil, los denominados OTC, que se negocian fuera de la bolsa de valores, y sin regulaciones como otros productos bursátiles, estos son una verdadera “bomba de destrucción masiva”, se estima (al ser opacos) que pueden suponer del orden de ¡¡¡8 veces el PIB mundial!!!.

Hagámonos una sencilla pregunta, ¿qué sucedería si quienes detentan la propiedad de esos OTC quisieran hacerlos efectivos?, cabe pensar que si eso sucediese toda la población mundial tendría que trabajar 8 años, sin cobrar nada, para poder hacer frente a ello, lo cual nos lleva directamente al colapso de la sociedad tal como la conocemos actualmente. Si esta es la sociedad que queremos para las próximas generaciones, estas tendrán una pesada losa, deberán trabajar 8 años de sus vidas como “esclavos”, ya que otro de los dogmas de nuestro sistema económico es que la propiedad es “sagrada”, y por tanto a quien la detenta habrá que pagarle.

Tal vez este análisis sea considerado por eminentes economistas (del sistema) como la visión de un indocumentado, casi con seguridad que si, pero lo que necesitamos son respuestas con rigor científico, no ideología o dogmatismo para justificar los intereses de una minoría, que por desgracia es lo que vemos y oímos todos los días en esa legión de defensores a ultranza de lo que denominan “libre mercado”, pero libre para que y para quien, a poco que analicemos lo que está sucediendo, la respuesta no tiene dudas.

A pesar de todo lo anterior, yo soy optimista aunque realista, e intuyo que revertir dicha situación no es tarea fácil, sobre todo si priman los intereses de una minoría en contra de los de la sociedad en su conjunto, pero solamente quejarnos no vale, hay que actuar en la medida de lo que cada uno pueda aportar, con propuestas alternativas a este sistema económico, que nos demuestra día a día que es incapaz de dar respuesta a las necesidades reales. La economía tiene que ser una ciencia social que permita vivir con dignidad a todos los habitantes de nuestro planeta, y no debe de ser la escusa para que la avidez de dinero y poder de unas élites se imponga sobre el Bien Común social, y su obligación es facilitar propuestas equitativas sobre reparto salarial/riqueza, y acceso en igualdad a los servicios esenciales que toda sociedad debe procurar a sus ciudadanos: educación, salud, dependencia, etc.

Para concluir sería bueno recordar una de las propuestas que realiza la Economía del Bien Común (pag-314 La Economía del Bien Común – Christian Felber Editorial Deusto 2018): Un importante “bien comunal democrático” es la banca democrático. Sirve como todas las empresas al bien común y, como todos los bienes comunales democráticos, es controlado por el pueblo soberano, no por el Estado. Sus servicios básicos son garantizar los activos de ahorros, las cuentas corrientes a bajo coste, los prestamos de bajo interés a las empresas y hogares así como la participación en la bolsa del bien común regional. El Estado financia la deuda pública a través de prestamos sin intereses del Banco Central (limitados al 50 por ciento del PIB). El Banco Central recibe el monopolio de la creación de dinero y se controla la circulación transfronteriza de capitales con el fin de impedir la evasión fiscal y el contagio de crisis. Los mercados financieros en su forma actual ya no existirán.

Otro mundo es posible, y está en tu mano que así sea, no te quedes inerte y permitas con ello que las próximas generaciones no tengan futuro. Finalizo recordando una frase de Galdeano que nos muestra que ese cambio ha sido, y es, posible. “Mucha gente pequeña, en sitios pequeños, haciendo cosas pequeñas, han cambiado el mundo”.

J.M.Martín

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Referencias:

La desintegración de la economía basada en el papel moneda. “Richard Duncan”.

El precio de la desigualdad. “Joseph E. Stiglitz”

Informe sobre la desigualdad global. “Thomas Piketty +…»

La Economía del Bien Común “Christian Felber”

¿Y los pobres sufren lo que deben?

Este es el título de un libro escrito por Yanis Varoufakis hace unos años, donde muestra su visión sobre la construcción de la Unión Europea, que concluyó con la implantación de la moneda única, el Euro. Hace un recorrido histórico por todos los acontecimientos relevantes, mostrándonos que en su principio fue una pugna entre las dos grandes potencias de Europa, Francia y Alemania. Desafortunadamente para la “grandeur” francesa, rápidamente tuvo que ceder a la pujanza de su rival, quedando finalmente como un proyecto supeditado a los intereses del poderoso Bundesbank. Esa es la realidad.

Europa, sonaba bien, en un país que salía de 40 años de dictadura, la mayoría de la población la veía como un seguro de que todo evolucionara de forma positiva, sin marcha atrás, aunque su incorporación no estaba limitada a diversos peajes, en: la industria, agricultura-ganadería, etc. Los fondos europeos empezaron a llegar, y el país aparentemente tenía un desarrollo desconocido, tanto económico como social. Para cuando llego, pasados unos años, la incorporación a la moneda única (€), se nos pinto como todo ventajas, por lo que la mayoría acepto de buen grado dicha incorporación.

El Euro permitió a los países con superávit poderlo colocar en los que tenía déficit (dentro de la UE), sin grandes riesgos y una alta rentabilidad, ya que no había el inconveniente de la devaluación de las monedas locales. Todo parecía que iba bien, los países con superávit colocaban este con seguridad y alta rentabilidad, y los deficitarios eran inundados por abundantes recursos que generaban la ilusión de nuevos ricos, como sus vecinos del norte, pero eso generó una gran burbuja financiera, que como un castillo de naipes, llega un momento en que se desmorona.

No está de más recordar que en una economía como la de la UE, la mayoría de las transacciones se realizan entre países miembros, los superávit de unos tienen que ser los déficit de otros, y si un país se empeña en tener superávits, como Alemania, eso implica que otros tendrán que tener déficit, como ocurrió con los del sur de Europa, por lo que el equilibro debe de ser una responsabilidad compartida, y no solamente de una parte, si hay voluntad política ello es posible. Pero, ¿qué ha hecho la UE?, básicamente cargar toda la responsabilidad sobre los países deficitarios, con una política económica por todos conocida, la austeridad, y esto nos lleva a realizar una nueva pregunta: ¿y los países deficitarios sufren lo que se merecen?.

Sobre los hechos ocurridos, observamos, que la moral calvinista de los países de centro-norte Europa parece no tener límite, y ello sin asumir su propia responsabilidad, que alguna tendrán. El caso de Grecia es paradigmático, un país que generó una gran deuda con ese dinero fácil que salía de los países con superávit, y que fue usada a modo de escarmiento para el resto de las “cigarras” europeas. Se le facilitaron dos rescates, a cambio de recortar derechos de los más débiles, pero paradójicamente fueron usados para rescatar a sus bancos acreedores, no para aliviar el dolor de su población. Aquí se vio que el sufrimiento no tenía límite para unos (la población griega), y era nulo para otros (los bancos alemanes y franceses).

La situación que provocará el Covid-19 nos llevará ineludiblemente a una nueva recesión económica, y ahora no es un problema de cigarras y hormigas, es una emergencia de salud pública, pero es triste observar que tras la reunión del pasado 24 de Marzo del Ecofin (ministros de finanzas de la UE), sus propuestas son tan insolidarias que rayan el insulto, no hay ninguna propuesta de cooperación entre países (que cada uno se salve como pueda), ni fondos comunes (corona-bonos), la única propuesta acordada es un pseudo-rescate financiero del país que los solicite (impulsada por Holanda y Alemania), aplicando las políticas de equilibrio presupuestario de sobra conocidas, que afectarán en un futuro de forma directa a nuevos recortes en: sanidad, educación, dependencia, pensiones, etc., justo lo contrario de lo que se necesita para evitar una próxima pandemia. Parece que el sufrimiento de los pobres no tiene límite. Aunque de forma general, queremos más Europa, pero no está que sigue imponiéndonos el stablishment europeo, queremos una donde todos tengamos nuestro sitio y donde las personas sean lo primero.

La UE requiere grandes cambios: El sistema actual no es viable a largo plazo sin imponer un coste desmesurado a sus ciudadanos, “Joseph E. Stiglitz”. Entre otros, replantearse el funcionamiento del BCE y la implantación de un sistema fiscal común que impida el dumping fiscal entre países, como sucede actualmente. Cuando en 1998 se instauró el BCE, su único mandato claro fue mantener la estabilidad de precios (inflación baja), si queremos más Europa, el BCE debería promover, como mínimo, el crecimiento sostenible y el pleno empleo, como otros grandes bancos centrales realizan. En cualquier economía, peor que la inflación, es la deflación que el BCE genera con sus políticas en los momentos de crisis: la austeridad a ultranza; esperemos que haya aprendido la lección para la próxima que se nos avecina. Por supuesto, es importante tener normas, pero tener normas equivocadas puede ser desastroso.

Para concluir, a continuación mostramos una serie de propuestas que Stiglitz ha realizado para una reforma estructural de la Eurozona:

  • Un sistema financiero común (la unión bancaria)
  • Mutualización de la deuda
  • Un marco común para la estabilidad
  • Una verdadera política de convergencia, o hacía una realineación estructural
  • Una estructura que fomente el pleno empleo y el crecimiento en toda Europa
  • Reformas estructurales de la Eurozona para garantizar el punto anterior
  • Compromiso de prosperidad común

Las propuestas anteriores, comparten los valores que desde siempre hemos realizado en el movimiento de la Economía del Bien Común, que podríamos resumir en la siguiente frase: Un sistema donde la economía no está separada de la ética, la democracia y el respeto al medio ambiente. Esta propuesta, junto a la de otros muchos movimientos sociales, puede y debe de ser la válvula de escape de un sistema que de nuevo se acerca al abismo.

Autor: J.M.Martín

BIBLIOGRAFÍA:

Joseph E. Stiglitz: El EURO, cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa

Yanis Varoufakis: ¿Y los pobres sufren lo que deben?

Un futuro con esperanza

Llevamos días con sensaciones encontradas, entre la esperanza y el enojo. La razón de ello, es cómo está evolucionando lo que nos dijeron que era una “nueva gripe”, y por lo que parece no lo es, llegando en la actualidad a situaciones de colapso general.

La realidad actual la podemos resumir en un incremento exponencial de las personas infectadas, falta de material para cubrir el mínimo necesario de las personas en riesgo, vaciado compulsivo de las estanterías de los supermercados, y un largo etc. Parece una película distópica de zombis o de desgracias generalizadas.

La respuesta en la mayoría de los casos es coincidente, son situaciones que no se pueden prever, es el famoso cisne verde al que tanto temen los financieros globales, y por tanto se escapan de nuestro control. Sin entrar a discutir las medidas tomadas, ya que en principio lo lógico es confiar en los expertos, sí debemos de ser muy críticos del por qué hemos llegado a esta situación de casi colapso sanitario. Habrá tiempo de criticar lo que sea preciso y aplaudir lo que proceda.

Lo que parece claro es que tenemos una nueva crisis, aunque a simple vista pueda parecer diferente de la última de 2008, en mi opinión, considero que ambas son consecuencia de lo mismo: el sistema político, social y económico actual está agotado, siendo incapaz de dar respuesta a las necesidades más básicas de la gente. Pero, como ha sucedido históricamente con el capitalismo, éste intenta de nuevo adaptarse y salir al paso con parches, que lo único que hacen es aplazar los problemas hasta una nueva crisis. Mientras tanto las desigualdades siguen avanzando, el planeta se está agotando, y todo ello, por culpa de las élites egoístas que extraen toda la riqueza para una minoría, pero lo más preocupante es que son amparadas por la indulgencia de una mayoría social, que lo demuestra cuando llega el momento de refrendar o corregir las políticas actuales, en las urnas.

Llegados a este punto, cabe preguntarnos, ¿qué futuro queremos?, la pregunta aunque muy general, debe tener respuesta, y es lo que a continuación intentaremos desarrollar, siempre con una visión y valores claros: que la mayoría de las personas tenga, aun reconociendo un cierto grado de desigualdad justa, una vida digna, en la que predomine la equidad, y en base a ella, generar propuestas políticas, sociales y medioambientales para el Bien Común de todas las personas.

Hay una frase de Einstein que en estos momentos me viene a la mente, “Si haces lo mismo obtendrás lo mismo”, y eso es lo que está ocurriendo desde finales del siglo pasado, burbuja tras burbuja y crisis tras crisis. El mainstrean de las élites dominantes, ha inculcado a la mayoría de la sociedad la idea de que “No hay alternativa”, y es frustrante que ante nuevas propuestas (positivas) para cambiar el orden actual, se repite lo que indicaba Gandhi en su momento: “Primero te ignoran, luego se ríen de ti, después luchan contra ti y finalmente ganas”, esto último es nuestro objetivo irrenunciable.

Por supuesto que existen “Otras alternativas”, aunque ocultadas de la amplificación de los medios de comunicación, los cuales obedecen fielmente a los intereses de sus amos (las élites económicas). Baste simplemente recordar propuestas de numerosos intelectuales de reconocido prestigio, como: Stiglitz, Krugman, Piketty, Chomsky, Castell (actual ministro de Universidades), Max-Neef, Felber, etc. Sus propuestas, de forma general, afectan a asuntos vitales para las personas, como: democracia, igualdad, fiscalidad progresiva, sostenibilidad ecológica, y un largo etc., siendo la correa de trasmisión natural de todas estas propuestas los diferentes movimientos sociales implicados en el cambio: Reas, Ecologistas, Economía circular,…, y contemplando de una forma holística todos los anteriores, la Economía del Bien Común.

La mayoría de los movimientos sociales, siempre tienen que hacer frente al dilema entre la utopía y el pragmatismo, lo cual en cierta medida tiene su lógica. Por tanto, el futuro se conseguirá cambiando todo lo necesario y reformando lo posible, sobre la base de una serie de valores compartidos por la mayoría de la población, como son: democracia participativa en los objetivos, propuestas sostenibles, solidaridad interna y externa, y siendo el foco de todas las actuaciones las personas y su dignidad humana. Lo anterior, tal vez sea un poco reduccionista, pero los pasos deben ser claros y admisibles para la mayoría, después su desarrollo tendrá que acordarse por los representantes del “pueblo soberano”.

Surge también la cuestión de cómo vertebrar este movimiento, hay que ser muy pragmáticos llegados a este punto; por tanto, comencemos utilizando las estructuras legales actuales, dentro de una visión de abajo a arriba: municipio > país-estado > UE > ONU (u organización mundial válida).

A continuación mostraremos toda una serie de propuestas, las cuales están suficientemente justificadas de forma empírica, que han realizado diferentes economistas, sociólogos, politólogos…, que constituyen la base para un nuevo acuerdo social, con los valores éticos (aceptados mayoritariamente) como eje vertebrador.

Propuestas para un cambio, en el que todos tengamos futuro:

  1. Salvaguarda del planeta Tierra, no tenemos otro donde vivir: Toda actividad económica deberá condicionarse a su sostenibilidad, siendo su responsabilidad compartida por: empresas – personas – poderes públicos.
  2. Todo ser humano, por el hecho de serlo, tiene derecho a una vida digna, los poderes públicos tienen la obligación de legislar para que ello sea posible, no de forma retórica como sucede actualmente.
  3. Cumplimiento estricto de lo que aparece en nuestra Constitución en el artículo 1-2 “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado”. A este respecto presentamos las propuestas que realiza Christian Felber, en su libro “La Economía del Bien Común” pag-201, en las que el pueblo soberano debe de tener poder directo, para:
    • Elegir un gobierno concreto
    • Deselegir al gobierno
    • Corregir al Parlamento en un anteproyecto de ley
    • Proponer leyes a votación
    • Modificar la Constitución por iniciativa propia
    • Votar directamente una asamblea constitucional
    • Controlar y dirigir los servicios básicos más importantes
    • Definir el marco para la negociación de acuerdos internacionales y votar sobre los resultados de la misma

4. Solidaridad y Justicia para todos, con equidad, mediante nuevas propuestas sobre fiscalidad, propiedad temporal, participación social en las empresas, etc.

  • Sistema tributario:
    • El sistema tributario de una sociedad justa debería estar basado en tres grandes impuestos (altamente) progresivos: un impuesto progresivo anual sobre el patrimonio, otro sobre las rentas y otro sobre las sucesiones-donaciones. Los impuestos indirectos desparecen, salvo las externalidades negativas como un impuesto sobre el carbono. El impuesto sobre la renta financiaría el Estado social y en general el gasto público (educación, sanidad, pensiones,…), y los impuestos progresivos sobre el patrimonio y sucesiones servirían para generar un sistema de propiedad temporal y circulación de capital: “Thomas Piketty Capítulo-17 del libro Capital e Ideología”.

Otras medidas, propuestas por Christian Felber en su libro La Economía del Bien Común (pag-310)

  • Creación de una moneda global para los intercambios internacionales (no depender del dólar); zonas de comercio justo con los mismos aranceles (o sin ellos), y políticas antidumping entre países.
  • A la Naturaleza se le concede valor y derechos propios, por lo que no puede ser propiedad privada.
  • Reducción gradual de la jornada laboral: esta se reducirá gradualmente hasta el nivel deseado y sostenible por la mayoría, por ejemplo entre 20 y 33 horas semanales.
  • Implementación en las empresas, como balance principal y con repercusión legal, de el Balance del Bien Común, el cual evalúa los valores no financieros de las empresas. Los balances financieros siguen existiendo, pero son secundarios. En este modelo el dinero pasa a ser una herramienta, no el fin de la empresa, la propuesta es un modelo sostenible a nivel económico-social-medioambiental.
  • Limitación de ingresos y riqueza, con la generación de una dote democrática generada con un impuesto progresivo sobre la riqueza; y una propuesta de diferencia salarial entre el sueldo mínimo y el máximo de 10 veces (u otro valor acordado democráticamente).
  • Traspaso por parte de las grandes empresas (por ejemplo a partir de 250 empleados) de una parte progresiva de los derechos de voto y propiedad a los empleados y comunidad en general.

Como hemos comprobado en toda la exposición, hay muchas alternativas al sistema actual, con propuestas que en principio pueden sonar duras, como las de fiscalidad altamente progresiva en renta y sucesiones, pero no se nos olvide, que en el periodo de mayor desarrollo de la humanidad, entre 1950 y 1980, dicha fiscalidad llego en el tramo superior al 80-90%, en países como EE UU y el Reino Unido, por tanto antes de su análisis y viabilidad no las descartemos, hacerlo como actualmente ocurre con el sistema neoliberal, eso es simple y llanamente ideología. El mundo tal como está actualmente constituido, no provee un futuro digno para la mayoría, y nuestra obligación con las generaciones futuras es facilitarle uno, donde todos tengan su lugar.

Ha llegado el momento. En párrafos anteriores mostrábamos las propuestas teóricas de diferentes intelectuales comprometidos con el cambio social y político; entre otros grupos e instituciones, estas directrices tienen que ser canalizadas por los diferentes movimientos sociales comprometidos en ello. Participa activamente en implementar las que entiendas que se adaptan mejor a tus inquietudes. En el siguiente link te mostraremos cómo participar. ¡Ahora sí, entre todos lo haremos!.

Autor: J.M.Martín

BIBlIOGRAFÍA:

Christian Felber: «La Economía del Bien Común» y «Por un comercio mundial ético»

Thomas Piketty: «Capital e Ideología» y «El capital del siglo XXI»

Joseph E. Siglitz: «El Euro, como la moneda común amenaza el futuro de Europa» y «El malestar de la globalización»

Manfred Max Neef: «La economía desenmascarada»

Pandemia Social y Bien Común

Llevamos semanas de continua saturación con mensajes relacionados con el Covid-19, parece que otros titulares han desaparecido de repente, pero la realidad y fuente de incertidumbre es que no sabemos exactamente dónde estamos.

Separemos por un lado el problema de salud pública, que en el corto plazo es razonable pensar es el más importante, confiando en que las medidas propuestas por los expertos surtan su efecto, y más pronto que tarde todo quede resuelto en el aspecto sanitario.

Pero en el fondo subyace un grave problema, tenemos un sistema económico y social que es incapaz de dar respuesta a la mayoría de su población, por tanto, esta es una oportunidad para hacer que el sistema cambie hacía un nuevo modelo, donde su objetivo sea el bienestar de todas las personas, y la economía y la política sean las herramientas para llegar a ello.

Desafortunadamente la historia reciente nos muestra situaciones similares, donde desastres naturales/medioambientales, han sido gestionados de una forma egoísta en beneficio de determinadas élites, las cuales han acaparado la mayor parte de los recursos disponibles, mayoritariamente públicos, únicamente en su beneficio. Si no, ver como ejemplo la gestión del huracán Katrina, y las posteriores medidas de choque en Nueva Orleans.

La realidad actual no es menos preocupante que la del Katrina. El tratamiento informativo de la génesis y evolución de esta pandemia, hasta que no ha tenido repercusiones económicas, ha sido bastante superficial, preocupaba poco y era asunto de otros, China en este caso, se veía como algo lejano y en sociedades alejadas de los valores occidentales, pero había una realidad que se nos ocultaba en aras de un crecimiento que el sistema necesitaba para evitar su colapso. Un sistema que tiene como fin acaparar riqueza y dinero, para unos pocos.

¿Pero por qué esta preocupación?. Se nos ha dicho reiteradamente que este sistema no tiene alternativa; la historia se repite con demasiada frecuencia, y ya hemos escuchado voces, tras la declaración del estado de alarma, enfatizando que deberán hacerse “reformas”, palabra mágica, que traducida al lenguaje normal significa recorte de derechos y libertades. Esto es una nueva vuelta de tuerca de un sistema, el actual neoliberalismo, que es incapaz de dar soluciones, y aquí es donde la sociedad debe ser inflexible y exigir otras alternativas, que sean capaces de llevar el bien vivir a todos los lugares y personas.

Un buen comienzo sería la desarticulación de esa pandemia social llamada “globalización”, que aunque nos fue vendida como la solución a todos los problemas económicos, gracias a una ideología del siglo XIX, la realidad se ha empecinado en llevarle la contraria. Lo que ha conseguido es seguir explotando a la mayoría de los países pobres, aunque sus élites se hayan enriquecido como nunca, y que en los países llamados desarrollados la mayoría de su población haya visto menguar sus ingresos y riqueza, en muchos casos con riqueza negativa, generando un hipercapitalismo que ha beneficiado a una ínfima parte de la población. No son propuestas proteccionistas, si no un sistema justo donde todos puedan desarrollarse, y donde las externalidades negativas del sistema actual sean pagadas por quienes las provocan, y no por la mayoría de la población.

Hay alternativas para que los países menos ricos tenga el desarrollo necesario, sin que a cambio de ello las clases medias y bajas del resto del mundo sean los únicos pagadores, la justicia fiscal global no admite demora, así como un sistema de ayudas que no hipotequen el futuro de los países que necesitan más desarrollo, tal vez protegiendo sus incipientes industrias, que es precisamente lo que, a lo largo de la Historia, no han hecho las potencias económicas actuales, promoviendo una condonación de toda la “deuda injusta” que limita sus posibilidades actuales, ¿no se hizo esto con muchos países europeos tras las guerras del siglo XX? ¿O es que, desde una perspectiva velada o abiertamente supremacista, pensamos que por haber nacido en Occidente tenemos más capacidades que los nacidos en países del Tercer Mundo?

Lo anterior es solo un apunte, la situación, como no se le escapa a nadie, es bastante más compleja, pero el mensaje es claro, hay que hacer cosas nuevas si queremos resultados diferentes y positivos. Centrémonos ahora en nuestra situación particular, hablamos de Europa, ¿cuáles son nuestros problemas a resolver?. Hay muchos autores que consideran que nuestro problema es la construcción de una unidad europea errónea, comenzando por la moneda única, el euro, el cual puede ser la fuente de las dificultades para un espacio colaborativo entre países, habiendo conseguido lo contrario, ser una fuente de competencias internas entre países (incluso dentro de cada país). Sin un sistema fiscal único y un sistema bancario para todos garantizado por el BCE, la viabilidad de la CE está en entredicho.

La pandemia social de Europa es clara, un sistema que fomenta la competencia fiscal entre países, véase el caso de Irlanda, Luxemburgo,…, y una lógica neoliberal incuestionable: la austeridad, palabra que sirve para todo tipo de actuaciones. La realidad es que esto es una imposición de los países con superávit para doblegar a los que tienen déficit, y así conseguir que estos últimos sean sus deudores en el futuro. Esto llevará a repetir la siguiente situación (con actores diferentes): las personas que nazcan en los países con déficit, en su futuro tendrán que dedicar una parte de sus recursos a pagar la deuda con los países con superávit, esto en Europa sabemos cómo acabó en el siglo XX, con dos guerras mundiales. No olvidemos que para que unos países tengan superávit otros obligatoriamente deben de tener déficit, por tanto repartamos responsabilidades, tanto del que se endeuda como del que le facilita crédito, dado que este último lo hace amparado en una moneda común (garantía de cobro sin devaluaciones), y de un mayor rédito financiero (préstamos a Grecia,…).

Desde la Economía del Bien Común compartimos diferentes aspectos que plantean prestigiosos economistas como, Joseph E. Stigliz o Thomas Piketty. Proponemos un nuevo contrato social donde todos los grupos de interés (stakeholders) deben tener adecuada respuesta, no solo los de los propietarios, sobre la base de nuevos valores como: la dignidad humana, la solidaridad y justicia, la sostenibilidad medioambiental y la transparencia y participación democrática. Todo ello implica un nuevo acuerdo europeo donde todos esos valores tengan cabida, con sistemas de fiscalidad altamente progresiva, tanto en renta, como en sucesiones y riqueza; sistemas de participación democrática en la toma de decisiones y un respeto total hacia nuestro medio ambiente.

Aun reconociendo que un problema global de salud es un hecho preocupante, las verdaderas pandemias están en los valores de la sociedad, en la falta de ética en el comportamiento de las personas, en la insuficiente democracia en las propuestas políticas y en el aprovechamiento a cualquier coste de los recursos naturales, así nuestro futuro será como mínimo oscuro. Pero confiemos en los valores de la mayoría de las personas, y su posicionamiento a favor del Bien Común.

Autor: J.M.Martín

Bibliografía:

Joseph E. Stiglizt «El Euro, como la moneda común amenaza el futuro de Europa»

«El malestar de la Globalización»

Thomas Piketty «Capital e Ideología»

«El capital del siglo XXI»

Naomi Klein «La Doctrina del Shock»

Yanis Varoufakis «Y los pobres sufren lo que deben?

UVA divulgación EBC alumnos Derecho Mercantil

Dentro de las actividades del Nodo de Conocimiento en la Universidad de Valladolid, el pasado día 10 de Diciembre mantuvimos una charla de divulgación en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales con alumnos de Derecho Mercantil.

Mostramos los valores de la Economía del Bien Común (EBC) en contraposición con el sistema económico actual, analizando las alternativas que la EBC propone a las empresas dentro de un modelo de negocio sostenible, donde la viabilidad económica es compatible con las necesidades sociales y medioambientales.

Gracias de nuevo a la Universidad de Valladolid por su apoyo en la divulgación de la EBC, como modelo alternativo que proporciona cohesión social y medioambiental. Y donde la economía no está separada de la ética, la democracia, el medioambiente,…

La Economía del Bien Común con alumnos Económicas-UVA

El viernes 22 de Noviembre tuvimos la oportunidad de dar a conocer La Economía del Bien Común a un grupo de alumnos de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Valladolid, acto facilitado por el profesor de Derecho Mercantil Luis Angel Sánchez Pachón, gracias al cual fue posible.

Tras una breve introducción histórica sobre la evolución del sistema capitalista, hasta llegar al momento actual con una presencia única del Neoliberalismo; modelo económico que deja fuera a una parte importante de la sociedad, y basado en mantras ideológicos que nos han llevado hasta una situación sin retorno, que requiere nuevas propuestas basadas en diferentes paradigmas.

Aquí emerge la Economía del Bien Común con fuerza como una posible alternativa, donde la Economía no se separa de la Ética, Democracia, Ecología,… Planteamiento que como novedoso generó un alto interés en los alumnos, facilitando un vivo debate sobre diferentes aspectos que propone la EBC, siendo focalizados en las propuestas de distribución de riqueza y diferencia salarial, principalmente.

J.M.Martín

El final del Sistema

La realidad que nos envuelve desde hace años nos genera todo tipo de dudas sobre si lo que está sucediendo es otra crisis más del capitalismo, o si este sistema económico y social ha colapsado y está en desintegración.

Las sociedades han admitido una serie de paradigmas, para bien y para mal, que constituyen una especie de leyes naturales a las que los individuos difícilmente pueden sustraerse: religiosas, culturales, económicas,… El sistema neoliberal actual no es ajeno a ello y desde un principio se ha sustentado en paradigmas (verdades absolutas que no admiten discusión), que ha trasmitido como leyes naturales, y a las que ha dotado de una base científica como son las leyes de Newton.

Como ley natural, nos han inculcado el principio de “no hay otra alternativa”, desarrollando desde Adam Smith comparativas con las leyes newtonianas, como las de: “acción-reacción”, “movimiento continuo de un objeto si no se le opone ninguna fuerza”, etc…, las cuales sirven para justificar como leyes naturales los paradigmas de la “Oferta y la Demanda”, “actividad económica sin fin (crecimiento)”, etc…

Pero aquí surge como mínimo una pregunta, ¿cómo es posible que surjan crisis económicas (mal funcionamiento del sistema), si es una ley natural? En la Física si una ley no da respuesta a un solo acontecimiento, esa ley o deja de ser válida o se genera una nueva que dé respuesta a dichas condiciones particulares (Relatividad,…). ¿Sucede esto con la economía capitalista?, por supuesto que no.

Entremos en detalle analizando diferentes aspectos en los que los paradigmas del sistema neoliberal no dan respuesta, comenzando con un grave error de partida, que es la desconexión de la economía de la naturaleza, contemplando a ésta simplemente como una “externalidad”, lo cual es como mínimo incongruente. Hay numerosos economistas que analizan este aspecto relacionándolo con las leyes de la termodinámica (1ª y 2ª ley): “la energía total del universo es constante, y la entropía total aumenta continuamente”. Esto de forma resumida, nos indica que en los procesos económicos la energía consumida tiene un límite (solo tenemos un planeta), y que en estos movimientos si no hay realimentación negativa (actuaciones externas) vamos directamente hacia el caos.

Sobre el párrafo anterior hay infinidad de escritos que muestran la validez de dichos planteamientos, y dan muestra de la ceguera del sistema actual al respecto. Si analizamos algunos de los paradigmas del sistema capitalista: mercado, competencia,…, todos ellos son los que nos llevarían al éxito del sistema, pero la realidad suele ser otra muy diferente: monopolio-oligopolio, información privilegiada, …, este sistema que durante un tiempo ha servido para realizar grandes cambios sociales, actualmente está caduco y son necesarios nuevos modelos económicos y sociales que pongan su foco en las personas, sujeto principal de la sociedad, respetando sus derechos y aportando unos valores que sean los de la mayoría. Este planteamiento es el que Branko Milanovic entendía como una de las fuerzas benignas que a lo largo de la historia ha permitido reducir la desigualdad con justicia (equidad). La otra -fuerza maligna- nos lleva, por desgracia, al colapso y la destrucción.

Aprendamos de las enseñanzas de Milanovic, y aportemos lo que esté en nuestra mano para la consecución de un nuevo sistema económico y social, en el que la mayoría de las personas tengan cabida, y que dé respuesta a valores como solidaridad, justicia social, participación democrática, sostenibilidad ambiental,…, es nuestra única salida a un mundo sin valores.

J.M.Martín

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